Lo que escribió sobre mí el periodista y escritor David Guerra

Publicado: 7 junio, 2013 en Dicen de mí...
David Guerra y Fernando Ramos en la redacción.

David Guerra y Fernando Ramos simulando una presentación con la nueva camiseta del equipo de fútbol de Punto Radio.

Debo confesar que cuando se publicó este artículo, en diciembre de 2012, no me hizo ninguna gracia ser el protagonista central de la historia, debido, principalmente,  a mi timidez y mi forma de entender la labor periodística, siempre desde el anonimato. Sin embargo David Guerra, el mejor radiofonista que he conocido en toda mi vida, quiso hacerme este homenaje con la mejor de las intenciones, desde la admiración, como tributo a mi lealtad y sacrificio en aquella redacción de deportes de Punto Radio en Madrid que, con tanta mano izquierda, le tocó capitanear. Eran tiempos muy difíciles para David, para mí y en definitiva para todos los trabajadores de Punto Radio, en pleno desmantelamiento de la emisora hasta su absorción por COPE. Por esa circunstancia, por aquella tensión e incertidumbre, no pude agradecer ni supe valorar adecuadamente el gesto que tuvo conmigo este titán del micrófono, ahora quiero homenajearle yo, dejando constancia en mi blog de aquellas maravillosas palabras. Gracias David Guerra, maestro de las ondas y sobre todo “Jefe de deportes”.

Artículo extraido de la web Grada360, publicado el 17 de Diciembre de 2012.

Antes de que el amanecer le pillara desprevenido, Fernando Ramos soñaba cada noche con las señales horarias de la radio. Cuenta que aquello no tenía ni pausa ni forma, pero lo sentía verdadero. Eran sonidos con presencia física y personalidad, que se movían de un lado a otro de sus fantasías y que, a traición, cruzaban el REM hasta fundirse con la estridente alarma del despertador. Pasaban pocos minutos de las cuatro de la madrugada cuando el día comenzaba. Tocaba informar a toda Asturias.

En aquel ilusionante momento del debut, las oficinas de Punto Radio Oviedo pasaban por ser las ilustres instalaciones de una nave industrial. Corría el año 2005.

Al poco tiempo, a medida que el proyecto se afianzaba, los inversores cambiaron la sede y aumentaron la plantilla. En el luminoso bajo de la capital asturiana donde quedó enmarcado el nuevo estudio de la emisora, aguardaban apasionantes retos periodísticos. “El primer día que entré a trabajar había una guía de teléfonos encima de una mesa. Nada más”. A la recién inaugurada sede, una antigua peluquería, Fernando solía llegar cerca de las cinco de la madrugada. Una hora antes ya había impreso en su propia casa las noticias más relevantes del día para salir del aprieto. Entre las frecuentes críticas de los técnicos de sonido de Madrid (“¿estás en el baño?”, se mofaban), el redactor ejercía de técnico, de periodista y de sabueso de la información. A la voz de toda Asturias en Protagonistas le costaba no perderse en una estancia tan diáfana, no pensada para la radio.

Llegó el tiempo de las reformas. Confiesa sin pestañear que había que desatrancar el váter minutos antes de entrar en antena. Cuando llegaba un invitado, había que avisar con tiempo, no fuera a ser que les pillara barriendo el suelo como acostumbraban a hacer cada día. Y, sin embargo, fueron aquellos los momentos felices, los del Tartiere y el ascenso, los de los dos campeonatos del mundo de Fernando Alonso. La plenitud del que puede contar a otros se sobrepone ahora, con capricho, a las penurias en la memoria.

Una buena mañana de enero, el entonces Jefe de Deportes, Josep Pedrerol, le llamó a capítulo a Madrid. El despliegue informativo para relatar el último campeonato del piloto ovetense había llamado la atención. Con un día de antelación, recibió el aviso de que tenía que viajar a la capital del reino. Con lo puesto, sin lugar donde hospedarse, Fernando aterrizó 24 horas más tarde en la redacción de deportes a nivel nacional. Con impresoras, ordenadores, varios estudios con peceras, moqueta e ingenieros de sonido y, sobre todo, nuevos retos periodísticos: a la tercera semana, cuando ya pensaba que en Madrid no se descansaba, pudo coger un día libre.

Cuatro años después, la voz que les llega a diario con la información deportiva en Cada Mañana Sale el Sol, sigue al pie del cañón con el espíritu intacto. Si le dejaran barrería el piso y alicataría el cuarto de baño. No tiene ni idea de qué hará dentro de dos meses ni qué será de él dentro de un año. Como tiene fama de poseer numerosos contactos y familiares asturianos allende los mares, quizá uno de ellos le solvente la papeleta del trabajo. O quizá no le haga falta. Los que estamos a su lado sabemos que, pase lo que pase, este tipo singular y con pinta de bonachón, esté donde esté, haga lo que haga, seguirá soñando con la incertidumbre de unas señales horarias. Como solo hacen los que nacieron periodistas.

(Ante todo debo disculparme con aquel despistado lector que hubiera caído en este espacio y no entendiera el silencio de varias semanas. Por una incomprensible razón -son las más elocuentes- de un tiempo a esta parte me cuesta mucho pensar en mi medio sin recordar. Lo de caer en la nostalgia es, a la par, un mal y un alivio. No les pido comprensión ni la empatía que se nos impone en esta época que vivimos. Más bien les ruego que acepten mis disculpas por tan inexplicable ausencia. Hago propósito de enmienda con esta historia de mi compañero Fernando Ramos, uno de tantos que se han dejado el alma por esta profesión, y con el que tengo la fortuna de departir algunas mañanas antes de caer en las redes del balón. Hoy tocó una de recuerdos. Aunque parezca extraño, todo lo relatado se ciñe como un lazo siniestro a la realidad. Son las insondables miserias de nuestro oficio y por las que, al desvelarlas, espero que un día Fernando también me perdone. No es una excusa fiable, pero gracias a ellas hoy retomo el impulso de las historias deportivas de la radio con una mirada hacia atrás que quisiera fuera hacia delante. Hoy comprendo que el tiempo dedicado a este entuerto merecerá siempre la pena).

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